domingo, 28 de octubre de 2007

Día 2: La Calma


Aquí en la meseta empieza a arreciar el frío, y tal vez por ello, aprovecho para traer el recuerdo de la segunda parte del viaje de agosto... queda ya tan lejos que la memoria me falla.



Tras la tormenta el viento sigue soplando desde el norte y las olas de unos 1.5 metros hacen que el barco siga cabeceando mientras ceñimos hacia la punta del Bajo de Salmedina, un entrante rocoso bajo el nivel del agua en pleamar, que hay que superar para llegar a Chipiona que será nuestro destino en este primer día. El aire ha quedado totalmente transparente y el sol, que se asoma entre la línea del horizonte y las densas nubes que se alejan, aporta el calor suficiente para disfrutar de un atardecer inolvidable, contemplando toda la Bahía de Cádiz con la luz limpia que queda tras la lluvia y con el único sonido del viento en las velas y el rumor del agua apenas removida por el casco.

Tras atracar en el puerto toda la tripulación se dirige al pueblo para cenar algo (los restaurantes del puerto deportivo suelen ser muy caros), a pesar de lo movidito del día no nos hemos mareado pero al poner pie en tierra noto que ésta se mueve aún más que el propio barco, esta sensación me acompañará en cada ocasión en que me encuentre en tierra firme hasta finalizar el viaje. Chipiona, o al menos la parte que vimos, es un pueblecito de casas en cuyas paredes la cal libra una batalla, perdida de antemano, con el salitre y los desconchones, la brisa del mar siempre vence (que se lo pregunten a La Tacita o a La Habana), en la iglesia los estragos del viento y la humedad alcanzan una belleza notable. Lo cierto es que parece un sitio realmente agradable si no fuese porque está infestado de ...sevillanos!!! para colmo Jesús nos lleva a un sitio donde al parecer sirven un buen pescaito frito y resulta ser ...la peña bética de Chipiona!!! Lo cierto es que el pescado estaba bueno y la cervecita fue calmando el movimiento de la tierra bajo mis pies, ha sido un día agotador.



El segundo día amanece despejado con el sol reluciente pero con cierta calima que entorpecen la visibilidad, por desgracia la fuerza del viento ha caido por lo que será un día mucho más tranquilo que el previo. Hemos decidido llegar hasta Mazagón, son aproximadamente unas 40 millas por lo que será necesario usar el motor al menos durante parte del recorrido. aprovecho lo tranquilo de la travesía para practicar tomando demoras y calculando rumbos. La mar está totalmente en calma. Al acercarnos a Mazagón nos encontramos con una especie de campo de minas, cientos de peqeñas boyas artesanales con banderines de colores, como divisas, resultan ser pulperas marcadas por cada armador con su seña distintiva, resulta divertido llevar el timón e ir buscando la derrota entre tanto obstáculo. A media tarde un grupo de delfines se acerca hasta nosotros y jugetea saltando fuera del agua por la amura de babor, seguimos sin viento y nuestra escasa velocidad hace que se aburran pronto de nuestra compañía. Al fin llegamos a la Ría de Huelva, el puerto de Mazagón está a la entrada. Esta noche se cena a bordo. Mañana volveremos a la Bahía buscando algo de viento...

1 comentario:

indalio dijo...

Pardiez,que vocabulario tienes jodío.El caso es que resulta emponzoñador leer tus braburas timoneles del pasado verano y me gustaria seguir disfrutando de ellas fasciculo a fasciculo.Cuando consiga sacar algo mas de tiempo y me descargue las fotos del movil de mis ultimas andanzas volvere a volcar mi sabiduria en este oasis de blog.